
Empezaron a hablar y cada vez que decían una nueva palabra parecía que se acercaban un poco más. Llegaron a tal punto en el que estaban hablando y sus labios casi se rozaban, pero no podían parar de hablar. Estaban esperando un silencio para poder juntarlos, pero tenían tantas cosas que contarse, que decirse, que como no las dijeran, las palabras se quedarían en sus gargantas, ahogándoles.
Se dieron cuenta que poco a poco se estaban desnudando con la mirada, se dieron las manos, y las apretaron. Después se dieron un beso rápido, fugaz, y se dijeron en esos dos segundos lo que no habían podido decir las palabras hasta ahora.
Después, llegó otro más lento, y otro, y otro.. y otro más.
Ella esa noche se quedó tan desnuda que se le veía el corazón. El corazón más rojo de la historia de los corazones enamorados. Latiendo cada vez más deprisa.
©Alejandra.