
viernes, 31 de diciembre de 2010
Sed felices.

miércoles, 29 de diciembre de 2010
Y patinan sobre hielo.

Aquí es cuando parece que todo acaba, cuando eso se queda en eso,en el chico que le ayudó a levantarse cuando se cayó en la pista de hielo.
Pero esta vez no fue así.
Ella cena con sus amigas, ríen, hablan y hasta cantan. Son las doce, y como cinco cenicientas se van cada una a sus casas. Ella coge el metro, casi vacío.
Se sienta y se pone los cascos para escuchar música. Apoya la cabeza en la ventana y casi se queda dormida. En la siguiente parada suben tres personas y de pronto un chico le pregunta si se puede sentar al lado de ella.
©Alejandra
lunes, 27 de diciembre de 2010
Olvido decirte que...

Bien, siempre olvido decirte lo que realmente importa, siempre me quedo sin palabras cuando hablo contigo, son tantas cosas las que quiero compartir que me asalta esta especie de inseguridad en mis argumentos... Olvido decirte que te quiero.
Yo, un idiota con la cabeza afeitada y poco más dejo mucho que desear en todo lo que toco, en todo lo que pretendo plasmar... Nunca acierto en la diana, me queda sólo esta sensación de saber que me queda algo por decir, que me queda otra oportunidad, siempre existe ese resguardo que me salva de mis autismos sentimentales.
Yo, un idiota con la cabeza afeitada, no soy sólo esa voz en off que vacila de una prepotencia que le provoca esta sociedad en la que vivimos, me refugio en mis debilidades y eso se nota, vamos que si se nota... Soy algo más.
Siempre he creído que lo que se expresa escribiendo no se es capaz de volver a reproducirlo hablando y eso es algo que tengo marcado en todo lo que digo en cada caldo que lidio con buen o con mal pie, lo siento pero entre otras cosas soy humano y entre otras cosas sufro la debilidad de ser vulnerable a lo que siento...
Llevar esta amistad, esta complicidad en silencio, en el letargo de la oscuridad me está haciendo crecer como persona y cuanto menos como ciudadano x...
Ha sido muy grande dar contigo y mucho más grande es el saber a ciencia cierta que es cierto, que pasa el tiempo, ya casi dos meses y esto funciona, seguimos al pie del cañón con esas ganas dementes de querer mucho mas, de querer lo que por derecho la vida nos debe, de querer que todo salga bien... Estoy muy seguro de ti, eso me hace partícipe de una paz interior que no he sabido canalizar a lo largo de mi vida y que por mera casualidad me veo obligado a enfrentarme a mi mismo. Me siento extraño al verme reflejado en el espejo, al hablar solo de temas que quizás nunca hubiese tocado y que por supuesto estaban destinados a ser pasto del olvido por la más absoluta manía esta de reprimir lo que hierve bajo la piel... Bajo la piel del corazón.
Cada vez me ahoga más esta impotencia del teclado y me limito a escribirte todo aquello que por miedo no sé como decirte... Me atraca el impulso de morir en tus brazos, de morir en tus palabras para más tarde buscar el exilio en tu aliento y poder sentirme fuerte... Te echo de menos. Todo siempre es mucho más sencillo y como tal mucho más duro que la misma realidad y como tal, valga la redundancia, mucho más cercano...
Quisiera pregonar lo que te quiero a voces sordas de teclado, quisiera gritar este vacío de no tocarte, quisiera llorar las noches que me gustaría que estuvieses por aquí, pero me quedo con el consuelo de que sé que cobraré todos los intereses, de que saldaré esta deuda en algún momento, mientras tanto pago aduana al cruzar algún mensaje a tu móvil, pago el impuesto revolucionario por haberte conocido, pero me siento especial por sentir bajo mi piel lo que me trasmites y eso me hace ser algo más que un personaje anónimo destacado entre tanto sentimiento por atar....
Son tantas las cosas que te quiero preguntar, son tantas las vivencias que quiero compartir, son tantas las ganas de seguirte el rastro que no me veo capaz de empezar yo solo... Es inevitable, juegas un papel clave al día de hoy en esta partida de ajedrez que no es otra que mi vida, sin trampa ni cartón, esta partida de ajedrez, recuerdo que siempre se ha visto destinada a quedarse en tablas, por fin comienzo a saber que puedo conseguir el jaque mate...
Reconozco que soy débil, este correo lo pone de manifiesto, pero claro eso tú ya lo sabes... Yo sé que lo sabes y es por esto que todo lo que pretendo plasmar cobra sentido por si solo...
viernes, 24 de diciembre de 2010
Por un momento, no me importa.

Me dio por mirar por la ventana y estaba el sol fuera. Las luces de navidad estaban apagadas y la gente llevaba bufandas de colores. Acaba de llegar mi madre de trabajar y le acaba de dar un beso en los labios a mi padre. Mi hermana tararea un villancico y yo me doy cuenta de que el tiempo pasa tan deprisa que apenas me doy cuenta de que estoy metida en él. Por un momento cierro los ojos y escucho aquella música de piano de fondo. Recuerdo sus labios. Sus besos, sus manos. Por un momento olvido quien soy yo y donde estoy. Por un momento, no me importa.
©Alejandra
lunes, 20 de diciembre de 2010
¡Din, don!

“¡Feliz navidad!” Abro la puerta y aparece una mujer con una caja de bombones para mí. Empiezo a reírme como una tonta. Bombones. Qué clásico. Nunca me habían regalado clásicos. Tengo regalos muy originales, pero jamás me han regalado un ramo de flores, una cena en un restaurante o bombones. Y hoy, mira qué sorpresa. Los dejo encima de la mesa y lo abro. Es una caja roja, preciosa, con dibujos en plateados que dejan ver claramente un “Felices fiestas”. Hay una tarjeta en su interior. Sonrío esta vez y la abro, con cuidado de no romper el sobre rojo que la contiene. “Feliz navidad cielo. Te quiero. Mucho. Y por si no te lo he dicho antes, te quiero.”
Y sorbe la nariz. Tiene los ojos encharcados de felicidad, y no puede parar de reírse. Se sienta, se come un bombón y se pone las manos en la cara, riendo. Por fin un clásico.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Es preciosa.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Todo lo que quiero para Navidad es a ti
domingo, 12 de diciembre de 2010
a, b, c, d...
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Esa es una bonita historia.

No vengo a contarte la historia de los besos de despedida que se quedaron en el aire y no se volvieron a dar. Tampoco vengo a contar la de chico conoce a chica y al final todo parece bonito. Aunque esa siempre me ha gustado. Deberías saber que la de los mensajes por la madrugada y las sorpresas ya me las sé de memoria. Bueno, y la del zapato de cristal o la manzana roja todos os las sabéis, pero nadie las vive. La del teléfono que suena y nadie lo coge, o la que se queda hablando sola pensando que no había colgado, nunca me han llenado. No he venido a contarte la historia de los besos a escondidas. La que te apetece andar descalza, y dejar los zapatos debajo de su cama. Ahora no vengo a hablarte de ninguna de ellas.
Venía a contarte la historia de las chicas que estudian, pero sacan tiempo para sus amigas. La de las chicas que van al cine y no pueden parar de reír, nunca. Las que se dedican canciones, y textos, y sus méritos. Las que se abrazan sin razones, y se ayudan, independientemente de lo que haya pasado. Las chicas de los helados en invierno, y que aún compartiendo paraguas, se mojan. Y vale sí, que ellas también lloran, pero son fuertes. Muy fuertes. Creédme que se quieren. Muchísimo.
©Alejandra
viernes, 3 de diciembre de 2010
Me emociona(s)/(ais)/(abas)/(aste).

lunes, 29 de noviembre de 2010
Lejos de la puerta, en una mesa para dos.

+ Buenos días. ¿Desea algo?
- Sí, bueno, supongo que lo único que quiero es que él entre por la puerta de esta cafetería y pida café para los dos y nos quedemos hablando los dos durante… qué se yo. Al menos el tiempo que usted tarde en traernos el azúcar. Pero tranquilo, le pediré algo más para no tener que irnos de aquí.
+ Se está a gusto aquí, sí que es verdad. Es invierno y aquí se está calentito. Pero bueno, seguro que aparece. ¿Quiere algo mientras espera?
-Bueno, un café.
+ ¿Solo?
- Sí. En cualquier caso, sí, sola. Él todavía ni siquiera se le habrá ocurrido la idea de venir.
martes, 23 de noviembre de 2010
Frío.
Y que se que hemos pasado juntos las estaciones más bonitas de todas, y ambos sabíamos que después venían las peores. Las que hace frío y llueve. En la que la ropa no sobra, sino falta. En la que los colacaos en el sofá sustituyen a los refrescos en los parques. En los que los estudios estorban. En la que se conocen tanta gente nueva y estaríamos deseando vernos los fines de semana. Pero yo pretendía ponerme bufanda y compartir el paraguas. Y si me faltaba ropa, me la pondría. Y haría colacaos a todas horas si eras tú el que te los tomabas. Y estudiaría contigo si hiciera falta. Bueno, y la gente nueva simplemente nos recordaría lo que nos echabamos de menos. Pero el frío ha llegado… y yo pretendía pasar calor en pleno invierno, y que fuese por tu culpa.
©Alejandra
viernes, 12 de noviembre de 2010
Ella escribe.

Ayer por la noche se sentó en su escritorio para cambiar sus pensamientos por palabras, y las teclas de su teclado por un simple lápiz. No tiene una goma, y escribe en sucio. Garabatos, tachones y flechas que van a parar a otra línea donde viene mejor.
Se le rompe la punta del lápiz poco antes de acabar. Y no encuentra sacapuntas. Pierde tiempo en buscar un bolígrafo y papá le repite desde fuera de la habitación que es tarde, que se acueste. Pero ella sigue escribiendo, sobre el papel, sobre el lápiz y los garabatos. Sobre las cosas que escribió alguna que otra vez y ahora contradice. Pero sobre todo, escribe sin fronteras, con ganas; y aunque le duele la muñeca, sigue escribiendo. Escribe, porque le gusta, porque quiere, porque lo siente.
Y escribirá algo para que le recuerde que a veces, cuando quiere, cuando piensa y quiere recordar, que cuando miente, cuando intenta… escribe.
©Alejandra
sábado, 6 de noviembre de 2010
No era tarde. No viajaba sola.
lunes, 1 de noviembre de 2010
En las lágrimas dibujó sonrisas.

Erase una vez una chica que en una noche no paró de llorar. Y lloraba y lloraba y lloraba. Y cuando parecía que ya estaba calmada, lo volvía a leer y volvía a la carga... Créeme que hasta sollozaba mientras dormía. ¿Qué? No, no. No vivía en un castillo, ni mucho menos. Vivía en un piso pequeño, en un pueblo no muy grande, de una gran ciudad. Y le gustaba lo que os gusta a todas; reír, bailar, mirarse al espejo, las películas románticas, que le quieran… Pero no, esta vez no lloraba por ninguna película. Y de tanto llorar inundó su pequeño piso de lágrimas con sonrisas dibujadas. ¿Qué si eran de felicidad? Claro pequeña, ella se prometió llorar solo por eso.
©Alejandra
viernes, 29 de octubre de 2010
¿Jugamos?

Por fin. Llevo desde que me dio la primera nota esperando este momento. “No pienses que aquí ha acabado todo. El juego va a comenzar, si te quieres divertir, mañana a las cinco tendrás que salir cuando el timbre escuches sonar y al portal tendrás que bajar. Allí el primer regalo encontrarás. Pero tarde no podrás llegar o si no eliminada quedarás”
Empiezo a bajar las escaleras corriendo, como si me fuese la vida en ello. Llego al portal y allí me espera una bolsa verde pistacho y pegada a ella un papel. “ Si el principio de esta historia quieres saber, a la puerta de una casa muy lejos de la tuya tendrás que llegar, y el segundo regalo allí estará”.
Empiezo a reírme como una tonta y veo algo envuelto en papel pinocho rosa fucsia con un lazo del mismo verde que la bolsa. Un peluche precioso y dentro otra nota. “Ya que yo no estoy en tu cuarto cuando te echas a dormir, te regalo este peluche, que se haga pasar por mí.”
Subo corriendo las escaleras de dos en dos hasta llegar a mi casa, suelto esta bolsa y salgo otravez en busca de la siguiente pista.
El día que empezamos a salir, él no me dijo en ningún momento “quieres salir conmigo?” sino que nos empezamos a querer, y un día nos dimos un beso. Y desde ese día nos damos besos y nos queremos. Pues el primero de todos, fue en la puerta de una de mis mejores amigas. Sí, allí. Corro lo más que pude con una sonrisa que no me cabe en la cara. Le saludo a todo el mundo y abro la cancela de su patio delantero. Allí hay otra bolsa con otra nota pegada. “Tendrás que ir a ese centro comercial, A White en inglés te deberás pasar, a la caja te tendrás que acercar, y enseñando este tiquet y diciento tu nombre tu tercer regalo te darán”
Y otra carcajada. Joder, como le quiero. Por un momento pienso en llamarle, pero no, salgo corriendo hasta el centro comercial. Unos hombres de una heladería me ven pasar y se ríen, casi como yo lo hago. Me espero en las escaleras mecánicas hasta que veo “Blanco”. Y entro sonriendo. “Perdone, quizás le suene a locura pero vengo a recoger un regalo…” Y de pronto la dependienta también sonríe.Pero una sonrisa bonita, de las de verdad. Me pide mis nombres y apellidos, acompañados del tiquet. Me da una bolsa con otra nota. “Ahora ciudad es tu destino, la carretera de la derecha es tu camino, hacia un parque que ya has estado, hallarás tu cuarto regalo. Si por el mundo te gusta viajar, aquel sitio tendrás que encontrar, así que atenta debes estar. Entre los arbustos verdes buscarás y allí tu regalo se hallará”
Y me emociono. Joder, parece que estoy metida dentro de un libro o mi película favorita. Le quiero. Mucho, muchísimo.
Empiezo a buscar y no encuentro por ningún sitio, voy hacia un parque y nada. Los chicos de la heladería me miran esta vez con intriga. Y de pronto me acuerdo de aquel parque al que vamos muchas veces. Corro, y aún cansada, tengo ganas, y ganas. Y cuando lo veo de lejos sonríe. Está sentado en un banco con una rosa roja. Un abrazo y un beso. Largo, tierno, suave, suyo y mío, caliente, con los ojos cerrados, entre medio de dos sonrisas, y emoción. Reímos y nos contamos como ha ido todo. Y aquí mi cuarto regalo.
Lo único que ha hecho es empezar.
Y volaron las hojas secas de los árboles.
©Alejandra
martes, 26 de octubre de 2010
Perdóname si hago lo que realmente quiero, lo que necesito.
sábado, 23 de octubre de 2010
¿Tú lo intentarías?
jueves, 21 de octubre de 2010
No importa lo lejos que estemos, si sacas la cabeza por la ventana, estaremos viendo la misma luna

Aún suena esa frase en mi cabeza como aquella canción que me cantaba mi padre de pequeña. Esa frase que fue dicha tantas veces y tantos días. Otra vez. Resuena como una gota en el cuarto de baño, en medio del silencio. De pronto recuerdos. Un helado, un vaso, una foto, un tú, una luna. Y las carcajadas que hicieron de banda sonora aquella noche. Da miedo como una simple frase sin ningún significado aparente trae tanto.
Se vienen demasiadas preguntas. Tengo ganas de volver. Allí me dejé mi maleta, un trozo de mí; y mi luna. Eso es, me dejé mi luna, y parece ser que aunque sea la misma, desde allí se ve más libre.
Al fin y al cabo, eso también es amor.
Pescaré la luna desde mi ventana y la meteré en un cajón para ti.
O aún mejor, la pescaré desde la tuya.
©Alejandra
domingo, 17 de octubre de 2010
Baja las escaleras de dos en dos, y al final, salta los tres últimos escalones.

jueves, 14 de octubre de 2010
¡Ring, Ring!

O simplemente puedes despertar y sonreír, levantar la persiana y pensar que eso no es un problema. Que lo tuyo no son problemas comparado con las miles de personas que no les queda voz para chillar, ni lágrimas para llorar… ni amor.
Pero hoy ha sonado el despertador y ya no quedaba nada. Ni tú, ni el ruido. Silencio. Ni un puto microondas calentando el café de ayer. Nada. Los tacones de la noche anterior andaban debajo de la cama, los libros encima de la mesa y mis ganas de hacer de eso un buen día estaban tiradas por el suelo.
©Alejandra
domingo, 10 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
Y después de estudiar..

Unas ganas de quedarnos allí más tiempo. Y carcajadas, besos, abrazos, frases y él. Y al salir por la puerta, se llevó mis palabras. Ahora son suyas.
-Bueno y dime, ¿qué vas a hacer este fin de semana?
+Echarte de menos.
©Alejandra
jueves, 30 de septiembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Ella me levanta.

miércoles, 22 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
¿Quieres otro recuerdo?

miércoles, 15 de septiembre de 2010
Felicidad

viernes, 10 de septiembre de 2010
Te quiero.

martes, 7 de septiembre de 2010
La suya es una historia preciosa.

La suya es una historia preciosa. Y si hay algo de lo que le falta a este mundo, es precisamente eso.
viernes, 3 de septiembre de 2010
♥

lunes, 30 de agosto de 2010

martes, 24 de agosto de 2010
He secuestrado tu olor para dormir mejor.

©Alejandra.
jueves, 19 de agosto de 2010
Silencio.

©Alejandra.
martes, 17 de agosto de 2010
Secretos.
viernes, 13 de agosto de 2010
Y otro más.
lunes, 9 de agosto de 2010
Después de que me dejaras en mi portal

Entré en mi cuarto y me quité la ropa con mucho cuidado. Solté el móvil encima de la mesita de noche y me tumbé en la cama. Me di la vuelta y aún tenía aquel sabor en la boca. El sabor de él. De sus besos. Tiernos, silenciosos, apasionados. Y saboreo mi boca, feliz. Me gusta ese nuevo sabor. Esa es la prueba de que todo ha pasado. Y me abandono en ese pensamiento antes de dormirme.
viernes, 6 de agosto de 2010
Vacaciones.
Ahora mismo todos deshacen las maletas, mientras tanto, yo he cogido mi bolso, y he salido a la calle. La verdad que hace frío. Bueno tanto como frío no, pero bastante menos que allí, en casa. Llevo pantalones vaqueros cortos, una blusa suelta, y el pelo ondulado, con una pinza pequeña, con la forma de una flor.
Hay calles estrechas, anchas, inundadas de árboles y gente. Todo está de ese color tan bonito que le da el sol cuando está a punto de ponerse, por la tarde. Hago una foto desde un puente, es preciosa. Se ve un río, árboles y edificios. Me imagino lo bonito que será despertarme y mirar por la ventana.
Es un viaje fantástico, en un pueblo fantástico y con unas personas fantásticas.
Me he puesto los cascos y escucho canción a canción mientras pienso en todo lo que haremos en estos días. Y sí, es verdad que cuando escuchas música mientras caminas pareces que estas dentro de un estúpido videoclip.
©Alejandra.
miércoles, 28 de julio de 2010
Sala 3. Fila 9. Asiento 3.

Nos separaban dos sitios. Dos asientos. Poco más de un metro, creo, nunca he sido buena para calcular distancias.
Yo veía la película mientras sabía que él estaba haciendo lo mismo, haciendo comentarios con ellas, y riéndose. De vez en cuando se le olvidaba que estaba en el cine y levantaba la voz. Y a mí se me escapaba una sonrisa.
Yo esperaba ansiosa que se sentara en el asiento de mi lado. Que se levantara en medio de la película y se pusiese cerca. Y que me diese un beso. Largo, bonito, sincero, como los de aquellos protagonistas que fingían quererse. Y de pronto, sentí una vibración en la pierna. Un mensaje al móvil. Lo abro y no puedo contener esa sonrisa. Le miro, y él también sonríe, sin mirarme, sabiendo que yo sí que lo hago. Me vuelvo a poner derecha y sigo viendo la película. Se me empañan los ojos por un momento y releo el mensaje. Ahora sonrío y pienso: “Yo más… amor"
domingo, 25 de julio de 2010
Él.

jueves, 15 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
Sin querer.

Ya sabes, creo que empecé a quererte sin querer.
©Alejandra.
viernes, 9 de julio de 2010
Hasta pronto.

Escribo encima de mi cama, sobre aquel libro que tanto me gusta. Ya sabes cuál te digo.
¿Sabes? Esta mañana me he despertado y he sentido la necesidad de escribirte.
Hoy me voy. Me voy hasta no dentro de mucho, es más, a penas serán cuatro días. Pero no es eso lo que te quería decir. Cuando venga, me quedaré aquí un día, y después… después me voy. Un mes. Quizás algo más.
Cuando vuelva estarás más alto, más moreno. Quizás también hayas cambiado tu manera de divertirte o hayas conocido a mucha otra gente, en otros muchos sitios. Quizás tengas diferentes opiniones a las que hoy tienes. Quizás ya no me quieras.
Por eso, te quería decir que te quiero como nunca antes lo había hecho. Y no te puedo prometer que sea para siempre, pero ahora mismo lo hago con todas mis fuerzas. Que la distancia no la hacen los kilómetros, sino las personas. Que tengo más deudas con tu espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna. Que no te voy a olvidar. Lo sé. Que te prometo llamar cada día, si quieres. Que te mandaré cartas, como esta, bueno no, mejores que esta.
Que quizás solo sea un mes. Un mes que echaré de menos tu manera de mirarme, tus labios y tus manos. Echaré de menos tus abrazos, y la forma con la que medio sonríes, y me pones nerviosa.
Bueno, me voy a hacer la maleta.
Nos vemos pronto.
Te quiere, Alejandra.
©Alejandra.
martes, 29 de junio de 2010

- Y que te quiero.
©Alejandra.
lunes, 21 de junio de 2010

Ya sabéis, vestiros con vuestra mejor sonrisa. Hartaros de helados, amigos y de tomar el sol. Reíros hasta que os duela la barriga y disfrutad. Y que se os escape un beso en medio de una frase. O un abrazo. Cantad a la luz de la luna y bailad hasta que no podáis con vuestros pies. Pasároslo increíblemente bien. Porque es verano. Por fin es verano.
martes, 15 de junio de 2010

Me miras. Cierras los ojos y sujetas mi cabeza entre tus manos. Sonríes y me miras a los ojos. Tus ojos, tan profundos como mares, me ponen nerviosa. Y de pronto me relajo. Cierro los ojos. Y te cojo de la cintura. Y me besas. No como ayer ni como antes de ayer. Si no suave. Sin prisas. Y se para el tiempo. Me acaricias. Y me sonríes. Te sonrío. Y estás a menos de diez centímetros.
Me coges de la mano. Acaricias mi espalda. Yo te cojo del cuello, me agarras más fuerte contra ti. Y nuestros cuerpos parecen formar uno solo. Y no quiero soltarte. Ya no.
Y te digo te quiero. Bajito, casi no se puede escuchar. Y tú sonríes, aún con los ojos cerrados. Y me besas. Otra vez.
©Alejandra.
lunes, 31 de mayo de 2010


+ Te entiendo..
- Tampoco quiero etiquetas. Estamos juntos y punto. No necesito decirle a resto del mundo que estamos en serio, de rollo o lo que sea. Me vas a querer igual, ¿no?
+ Claro, te voy a querer cada día un poco más.
- Entonces… ¿qué se supone que somos?
+ Somos lo que tú quieres que seamos.
- ¿Juntos? ¿Sin agobios? ¿Sin ataduras ni estar todo el día uno encima del otro?
+ Lo que tu quieras, ya te lo dije:) Te quiero
- Y yo, mi vida…
©Alejandra.
domingo, 23 de mayo de 2010
#

Jamás pensé que el rojo combinase tan bien con el azul de tus ojos. Llevabas vaqueros y converses. Vestías tu mejor sonrisa. Era viernes y pediste cena para cuatro. Andabamos por la calle y me cogiste de la mano. Me diste tantos abrazos como coches había aparcados allí. Me dices que me quieres pero no soy lo suficientemente valiente para dejarme querer. Aún no.
Tus labios son del color más bonito que jamás me he podido imaginar. Mis manos parecen solo querer buscar las tuyas. Tus pies andan detrás de los mios. Cierro los ojos y me besas en la cara. Te sientas al lado mía y pasas tu brazo sobre mis hombros. Comemos juntos. Y cuando menos nos lo esperamos, en medio de una calle, bajo el silencio, sonreimos. Y me abrazas. Y no quiero nada más. No lo necesito.
El chico de la camiseta roja.
©Alejandra.